El observador decadente:El recordatorio de tu rastro en mi camisa


Entreabrí mis ojos siendo consciente de que lo habías vuelto a hacer, si, ahí estabas vestida con mi camisa, que dejo todas las noches en el galán junto al traje, para que no esté arrugada cuando me vaya a trabajar.

Sabes perfectamente que luego me la voy a poner yo, y con estudiada mala leche te la pones para que tu enloquecedor perfume, me acompañe todo el día, como una leona que marca su territorio, como una dómina que tortura a su sumiso.

Por aquí pasas otra vez, con tu sonrisa estudiada, y tu forma de cimbrearte como espadaña junto al río, libre y salvaje.

Dejas la camisa cuidadósamente en su sitio y te vistes con tu escueto vestido, te pones tu abrigo, te despides, me besas, y te vas. No se cuantas veces te he pedido, que te traigas la ropa, que dejes tu neceser, pero eres independiente y mis peticiones son cadenas que te atan.

Tu espalda se aleja dejando en el aire tu olor que me acompañará todo el día, gracias al rastro felino de tu aroma en mi camisa.

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