El observador decadente: Tatuaje


Me cuesta comprender como una mujer que se ha inscrito a propósito imágenes evocadoras en su piel, dos tatuajes preciosos, todo hay que decirlo, de una rosa en su escote y de un delfín en su tobillo, dos acciones que te durarán toda la vida, a no ser que quieras sufrir varias sesiones de tortura de laser para borrarlos, que cuando se arrugue tu piel, y su diseño pierda firmeza seguirán allí como recuerdos de tu juventud, recordándote una y otra vez que ya has perdido esos años, no comprendo que adquieras un compromiso tan frívolo practicamente sin pensártelo, y seas incapaz de comprometerte en una relación con otra persona, en este caso, yo.
Y tú me contestas que precisamente por ser un acto frívolo, no debes meditarlo tanto te gustó, lo querías, y lo hiciste, yo incrédulo sigo replicando, pero es permanente para toda la vida, y con todos los peligros de enfermedades que puede conllevar, tú sonriendo gatunamente, replicas que precisamente el riesgo aun lo hace más emocionante y sexy, ¿y no es emocionante y sexy una relación?, pregunto yo, y tu respondes, de momento contigo, no, !catacrock!, adios argumentos lógicos, golpe bajo directo a tus sentimientos que te hace callar momentaneamente.
Cuando te repones reanudas tu cuestionario, ¿y que debo hacer para cambiar eso?, si te lo dijera, ya no tendría misterio, no sería emocionante, ni tampoco sexy.
Hay veces que me pregunto porqué comienzo alguna conversación.

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